El control de esfínteres

 

El control de esfínteres es decisión del niño, no de sus padres. No se debe presionar al niño a que controle su vejiga o su tracto intestinal, antes de que él se sienta totalmente preparado para hacerlo.
A los padres les resulta muy difícil ser objetivos en cuanto al entrenamiento para el control de esfínteres. Debido a nuestra cultura y a las experiencias individuales de la mayoría de los adultos, ésta les exige que se sientan responsables por el éxito del niño. Cualquier fracaso es sentido como un reflejo de una crianza deficiente, convirtiendo al niño en algo que hay que entrenar, presionándolo a aprender en contra de sus propios deseos.

No hay que basarse en experiencias propias, ni en consejos de terceros para evaluar la situación del niño en relación con sus esfínteres; cada niño tiene su ritmo y su velocidad de aprendizaje, y valorar esta independencia es clave para no ejercer presión y causar serios problemas.
Debido al estrés causado por la presión, el niño puede retener las deposiciones, causándose estreñimiento crónico que puede desembocar en el ensanchamiento del colon (megacolon), y sin darse cuenta pero regularmente, el niño dejará salir al pantalón algo de materia fecal líquida alrededor de una deposición dura que ha retenido. Esto puede dar la sensación de diarrea, cuando el problema es el estreñimiento. Algo que ayudará a ablandar la deposición para que no haya dolor es disminuir la presión, antes de volver a comenzar el entrenamiento.
Algunos niños dejan escapar la orina, especialmente cuando están bajo estrés. El quejarse de esto al pediatra hace que éste sienta la necesidad de hacer pruebas para establecer si el esfínter urinario o de la vejiga están intactos; hay vienen las radiografías, los catéteres y la invasión de los genitales, haciendo que el niño se asuste y produciendo una vulnerabilidad mayor a la incontinencia crónica, debido a que el infante crea una fijación en este aspecto.
El medio ambiente también ejerce presión, y no necesariamente por lo referente al control de esfínteres. Este estrés se puede reflejar en dolores abdominales, cólicos y deposiciones sueltas. Si por ello, al niño se le dificulta controlarse, la tensión aumentará y el control de esfínteres se convierte en un asunto que agrava el estrés del niño, y lo vuelve más consciente de esa parte de su cuerpo.
Para diagnosticar, hay que emplear radiografías gastrointestinales, enemas y manipulaciones. El resultado es que el tracto gastrointestinal inferior del niño acabe recibiendo toda la tensión.
Cuando hayan problemas se recomienda:

  • Hablar abiertamente del problema. Los padres deben reconocer que han sido demasiado dominantes.
  • Expresar con claridad que el aprendizaje del control de esfínteres es cosa del niño.
    Hacerle saber al infante que muchos niños se demoran en adquirir control sobre sus esfínteres
  • Hacerle ver al niño que sí hay esperanza en su lucha para el control de esfínteres.
    Mantener al niño en pañales o en ropa protegida, no como castigo, sino para eliminar la ansiedad
  • No hacerle pruebas al niño. Háganle un análisis de orina, pero sin manipulaciones ni invasiones (enemas, catéteres, radiografías, etc.). se deben permitir estas pruebas solamente si el pediatra ve claros indicios de que hay un problema físico.
  • Dejar al niño tranquilo y no mencionar de nuevo lo suscedido.
  • Hacer que las deposiciones del niño sean siempre blandas, para esto se le puede dar fruta y fibra. Tranquilizar al pequeño en el sentido de que sus deposiciones siempre serán así.
    Aclararle al niño que cuando logre el control, el éxito será suyo no de los padres.

Los padres que sientan que están interviniendo demasiado deben solicitar consejo. Necesitan ponerse de acuerdo sobre la manera de manejar el control de esfínteres para que un conflicto entre ellos no afecte al niño, a tal punto que amenace su imagen de sí mismo.

MOJARSE EN LA CAMA
Debido a las presiones de la sociedad, mojarse en la cama (enuresis) se vuelve un problema para muchos niños, especialmente varones, a la edad de 4 a 6 años. Si la enuresis continúa, el niño no puede quedarse donde sus amiguitos, no se atreve a reconocer ante nadie que moja la cama, y los padres se desesperan con este fracaso ya que comienzan a comparar con otros niños, que a la edad del suyo, ya han superado este problema.
Mojarse en la cama hará sentir al niño impotente y desesperanzado; dirá que no le importa y hará cualquier cosa para esconder su fracaso por las mañanas, pero la verdad es que se sentirá culpable en torno a su sexualidad en desarrollo, y afectará su imagen de sí mismo. Lo que está en juego con este problema es la necesidad del niño de volverse independiente a su propio ritmo.
Aunque las razones pueden ser fisiológicas, como una vejiga inmadura que se vacía con frecuencia, un sueño demasiado profundo (resultado de un sistema de señales inmaduro) o inclusive una infección, el problema radica en quién controlará la decisión.
A medida que los médicos y los padres empiezan a investigar las causas y a tomar medidas (como alarmas, castigos o aparatos que emiten señal cuando el niño se moja) el niño va perdiendo su autonomía y su necesidad de controlar la situación, viéndose a sí mismo como un fracasado.
Los intentos de los padres por controlar la situación como si fueran ellos los del problema, con seguridad se verán destinados a fracasar y ahondarán en el niño su sensación de incompetencia. Los niños necesitan desarrollarse a su propio ritmo el cual hay que respetar. La presión de padres y compañeros puede agravar el problema pero no cambiarán los patrones de desarrollo del infante.
El control diurno parece resultarles más fácil a las niñas (en promedio lo logran 2.46 meses antes que los niños), a la vez que tienen menos probabilidad de mojarse de noche. Algo de esto puede deberse a diferencias anatómicas, pero con certeza se debe a diferencias en la expectativa social y a sutiles patrones de comportamiento ligados al género, y a las expectativas que los hombrecitos tienen de sí mismos.

Por encima de todo, no orinarse de noche debe convertirse en la meta del niño y no en la de los padres o la sociedad. Los padres deben relajarse y eliminar la presión sobre el niño. Si hay problemas de una imagen pobre de sí mismo, de inmadurez psicológica o de autodesvalorización, se deben afrontar. Si el niño se halla sujeto a demasiadas presiones, ya sea en la escuela o con la propia familia, éstas deben ser disminuidas. El padre debe acercarse más a su hijo y darle la confianza para que el niño se identifique con él, a la vez que pueda entender la imagen que tiene el niño de sí mismo.

He aquí otro tipo de ayudas que pueden funcionar, siempre y cuando el niño esté dispuesto a aceptarlas:

  1. Proponerle al niño que aguante la orina un poco más durante el día, para tratar de mejorar el control sobre la vejiga.
  2. Despertar al niño con su permiso, antes de que los padres se retiren a dormir. En este punto él debe asumir el control e ir por sí mismo al baño.
  3. Comprarle al niño una bacinilla para que la tenga al lado de la cama. Esto puede ser un símbolo de confianza para él. El estimularle a usarla no debe ser bajo presión.
  4. Poner un despertador a las 2 de la mañana al lado de la cama del niño, para que se despierte y vaya al baño.
  5. Hablar con el niño cuando él quiera y explicarle con palabras suaves que tal vez a su vejiga le falta madurar un poco, pero no hay por qué preocuparse.
  6. Desmitificar la idea de que hay una fecha mágica en la que los niños se dejan de orinar en la cama. La presión social unida a las expectativas de los padres, es más de lo que el niño puede manejar.
  7. Si el problema persiste después de los siete u ocho años, o si el problema interfiere en la adaptación del niño, en su imagen de sí mismo o su relación con sus compañeros, es hora de buscar la ayuda de un psiquiatra o psicólogo infantil o un pediatra especializado.

El control de esfínteres: un ejemplo del proceso de maduración del autocontrol
El control de esfínteres es un claro ejemplo de autocontrol del niño de 2 a 3 años, al lado de los problemas de comportamiento, como las pataletas y las batallas de la alimentación.
En la cultura occidental, en general, no se observa presión por el inicio del control de esfínteres antes de los dieciocho meses, contrario a otras culturas en las cuales desde incluso antes del primer año se está forzando al niño a controlar sus esfínteres. En este proceso también cuenta la autonomía del niño para decidir cuando está interesado y preparado para hacerse cargo del asunto. Al final del segundo año muchos niños han madurado estos aspectos y pueden estar listos para iniciar su entrenamiento, pero hay que permitirles que sea su iniciativa.

No es raro que los padres se preocupen porque el niño de dos años no ha dado indicios de querer controlar los esfínteres; entonces, es bueno recordar las necesidades de preparación para iniciar el proceso, que obedece al autocontrol adquirido, que es un proceso que se inicia desde los primeros meses de edad y que se logra perfeccionar después de los dieciocho meses de edad, cuando el niño tiene ciertas características de madurez cognitiva, motriz y social, como son:

• El deseo de imitar a otros e identificarse con ellos
• El sentido de ejercer control y tomar decisiones de cuando y donde deshacerse de partes importantes de sí mismo, como las heces y la orina
• El sentido inicial del orden y sitio para cada cosa
• Habilidades motrices para dirigirse al sanitario y usarlo
• El control del negativismo y maduración de la autonomía
• Conciencia de los compañeros y sus logros en esta área
• La habilidad de hablar y tener conceptos sociales, como el sitio para satisfacer estas necesidades fisiológicas

Antes de los dos años muchos niños no reúnen todos estos requisitos sin los cuales no debería iniciarse el control de esfínteres y algunos estudios confirman que el proceso de entrenamiento del control de esfínteres es menos largo y difícil cuando se inicia después de los dos años (27 meses de edad).
Con el respeto por el ritmo de desarrollo e interés del niño en este aspecto se refuerzan la autonomía, la autoestima y el mismo autocontrol, metas claves del desarrollo del niño.

Qué se debe evitar durante el proceso
Los padres y demás puericultores no deben hacerse cargo del control, sino permitir que el niño se haga cargo; es un asunto de su maduración, de su condición de ser social y con el apoyo de los padres lo hará, a su propio ritmo y modo.
No se debe presionar ni demostrar ansiedad ante los fracasos y accidentes ni reforzar o dar un énfasis exagerado en lo que representa culturalmente el proceso para el niño.
No se deben desconocer las diferencias del desarrollo del niño, así como las señales que da de su madurez, de que está o no listo para iniciar el proceso, pues estas se dan a un ritmo propio, particular para cada uno, aun entre hermanos.
Se deben evitar comparaciones con hermanos y otros niños para no hacerlo sentir fracasado y lesionar su autoestima.

Preguntas frecuentes: Por Dra. Magdalena Cerón Rodriguez.
El control de esfínteres es una situación que en ocasiones despierta mucha angustia en los padres y llega a originar situaciones de tensión con los hijos; incluso se presta a competencia entre otros niños de la misma edad, calificando de esta forma el grado de desarrollo psicomotor, obediencia, estimulación, etcétera, siendo frecuente que secundario a esto se den actitudes de maltrato a los niños.

¿A qué edad inicia el control de esfínteres?
La edad de inicio de control de esfínter vesical (orina) y anal varía de un niño a otro, pero en términos generales va de los 18 a los 24 meses, en efecto esto depende del grado de madurez y desarrollo de músculos y nervios que hacen posible el control voluntario de los esfínteres; el control de la defecación suele ser primero que el de esfínter vesical, lo cual puede iniciar como incomodidad del niño ante la presencia de un pañal sucio, esto es más marcado cuando hay materia fecal, tolerando por más tiempo un pañal húmedo con orina.
La edad de inicio en el control de esfínteres también puede variar de acuerdo al grado de estimulación y convencimiento que las madres ejercen sobre el pequeño para lograrlo, el medio ambiente que le rodea y las presiones a su alrededor.

¿Existen otros factores además de la madurez física que intervengan en el control de esfínteres?
Sí, de hecho no sólo el adecuado desarrollo físico participa en el control de los esfínteres, interviene la relación madre hijo, la participación de otras personas que están al cuidado de los niños, es decir aquellas personas que se encargan de establecer límites, además de aquellos que se encargan de estimularlos o mantener una relación cordial, sin maltrato ni presión para lograr el control a temprana edad. Las actividades en grupo que se desarrollan en guarderías participan notablemente en el alcance del control, siempre y cuando estas actividades se den bajo un ambiente agradable, sin la participación de castigos, obligar o ridiculizar a los niños que no contribuyen a alcanzar la meta deseada. Los hábitos intestinales también juegan un papel muy importante, pues un niño que padece estreñimiento por lo general presentará dolor al evacuar, y siempre que pueda tratará de evitarlo, lo cual hará difícil el proceso de control, inclusive traerá esto como consecuencia la retención voluntaria de materia fecal creando otro tipo de problemas intestinales, así mismo los niños que cursan con cuadros intermitentes de diarrea, pudieran presentar aparentes retrocesos cuando ya controlaban y de repente se vuelven incontinentes dada la urgencia de evacuar. En otras circunstancias se da el caso de el niño que se encuentra en etapa de inicio de control de esfínteres y se asocia la llegada del hermanito, al observar los cuidados del nuevo bebé y el cambio de pañal, los niños presentan entonces regresiones y requieren de volver a utilizar el pañal.

¿Cómo puedo iniciar el adiestramiento de mi hijo para el control de esfínteres?
Es muy importante lograr que el proceso del control de esfínteres sea algo natural, no obligado, hacer que el niño vea a otras personas hacer uso del sanitario, familiarizarse con el inodoro u orinal (nica o escusado) que va a utilizar, que no le genere angustia. Realizar esta actividad en grupo cuando acuden a guarderías favorece el proceso; hacer comentarios positivos al niño cuando empieza a avisar para ir al baño, le hará darse cuenta de que tuvo una actitud positiva, mas no se deberán hacer manifestaciones excesivas, pues debemos recordar que es sólo un proceso de aprendizaje más como comer con cubiertos por ejemplo, de tal forma que no vamos a centrar tanto la atención en dicho proceso.
Se debe utilizar ropa cómoda que le facilite al pequeño despojarse de la misma cuando sienta el deseo de orinar o evacuar, el calzón entrenador puede ser de utilidad, la ropa complicada o apretada puede obstaculizar las maniobras cuando el niño tiene la urgencia y no dispone aún de mucho control como para esperar a quitarse la ropa y "que no le gane la pipí". Favorecer un horario es una medida que auxilia el hábito, esto es, si conocemos el patrón de evacuaciones de un niño y sabemos que suele defecar dos o tres veces al día, se le puede invitar a usar el baño u orinal a esas horas, para tratar de irlo acostumbrando al uso de las instalaciones.
       Si no existe un horario habitual, tratar de conocer las señales que un niño manifiesta cuando quiere orinar o incluso cuando empiezan a aislarse en algún sitio para poder defecar, es entonces cuando uno puede con sutileza llevarle al baño, evitando inhibirle el deseo de micción (orinar) o evacuar, es decir evite expresiones como "córrele antes de que te gane".
       
¿Qué medidas debo evitar para lograr un control de esfínteres adecuado?
        Es de vital importancia evitar las conductas hostiles y agresivas, no compararlo con otros niños ni ridiculizarlo o ponerlo públicamente en evidencia, evitar golpes o castigos, ya que esto sólo generará angustia en el niño y deteriora la relación madre hijo, en algunas ocasiones la dificultad en el proceso de control de esfínteres trae como consecuencia retención voluntaria de orina y materia fecal que posteriormente evoluciona a problemas de salud.
       En el proceso de educación para el inicio de control de esfínteres interviene el desarrollo físico adecuado, un ambiente familiar adecuado y un entorno social en general que facilite un evento tan natural como éste.

Tomado de:
Mi amigo el Doctor
mipediatra.com
Imagen tomada de:
padre-familia.com