Temores nocturnos

 

Ese monstruo peludo, con dientes afilados y ojos rojos que se mete en el closet o
bajo la cama de tu hijo pequeño, no saldrá de ahí hasta que el niño entienda que
esa horrible criatura es sólo fruto de su imaginación. Ayúdalo a diferenciar
entre las elucubraciones de su mente y la realidad
Lilia Duarte, tiene problemas con su pequeña hija Karina de tres años. Al llegar la noche, la niña se aterroriza ante la idea de dormir sola en su cuarto. Sin dejar de llorar, repite una y mil veces las características del monstruo que la acecha, apenas se apagan las luces y la casa está en silencio.
"No sé cómo ayudarla. Estoy consciente de que este es un caso común a niños de su edad. He intentado tranquilizarla echando mano de todos los argumentos que puedan convencerla de que los monstruos no existen. Un amigo de la familia me dijo que uno de sus hijos había pasado por lo mismo.

Encontró la solución echando en su cuarto un ambientador en aerosol, con el supuesto poder de aniquilar monstruos que asustan a los chicos. El remedio me parece bastante creativo, pero siento dudas sobre el daño que puedo hacerle a la niña engañándola de esa manera", refiere Lilia.
Buena idea si se cree en ella

Se consultó la opinión de algunos psicólogos infantiles sobre el caso. Después de oírlos, concluimos que si a Lilia le parece ridícula la idea de usar el spray, mal podría convencer a su hija de que esa es la última herramienta mata monstruos que ha salido al mercado.

Para que resulte convincente, ella debería pensar que, en vez de engañar a Erika, está diciendo una mentira blanca para remediar una situación que puede salirse de sus manos. Ya habrá tiempo para que la pequeña sepa la verdad. Bien podría usar una linterna de ultrarrayos, el interruptor mágico o la sábana que hace invisibles las cosas... Lo importante es que Erika borre de su mente las ideas nocturnas que la atormentan.
Confianza

El asunto va más allá del simple hecho de matar monstruos. Los niños son muy sensibles ante aquello que les causa miedo y que no saben cómo explicar, pero más aún los afecta el hecho de no poder contar con papá y mamá para resolver sus problemas.

Si el tuyo acude a ti para plantear una situación parecida a la de Lilia y Erika, y sólo consigue que se le regañe por creer en "tonterías", o se empeñan en asegurarle que son imaginaciones suyas, sentirá recelo al volver a intentar acercarse confiadamente.
Miedos frecuentes

Entre los tres y cuatro años, la mente ansiosa de los niños -influida quizá por la televisión, el cine y las experiencias que comenta con sus amiguitos- comienza a generar preocupaciones y estrés, por lo que se les hace difícil distinguir entre realidad y fantasmas. El mundo de la oscuridad puede ser muy tenebroso para un pequeño de esta edad.
Es necesario comenzar a investigar las causas que han sembrado miedos en nuestros hijos. Podría ser un programa de televisión, una película de cine o, tal vez, la historia de un fiero cocodrilo que refirió la maestra en el colegio.
También hay que tener en cuenta que a esa edad surgen drásticos cambios en sus vidas: deben usar el inodoro, dejar de chuparse el dedo, abandonar el querido chupón, ir al preescolar o adaptarse a una maestra que jamás han visto...

Todas estas novedades causan ansiedad y son sinónimos de separación de un sistema de vida rutinario que no les generaba mayores expectativas. Es posible que tu pequeño, a la hora de dormir, sienta miedo de despertar y que tú no estés; quizá esta posibilidad sea ese monstruo al que su mente da vida y forma.

En todo caso, si los aerosoles, luces prendidas, sábanas mágicas o linternas no sirven, ni tampoco tus palabras tranquilizadoras y el estado de estrés del niño se prolonga, quizás lo mejor sea buscar la ayuda de un psicólogo.

Miedo a la oscuridad.

Aparece entre los dieciocho meses y los cuatro años. Este miedo no es innato, sino que es un miedo adquirido a través de imágenes y vivencias del niño tales como la separación de los padres, pesadillas, temor a los personajes de ficción...

¿Qué debemos hacer?

- Es importante crear un ambiente agradable en el que duerma el niño para que descanse placidamente, con la temperatura adecuada, una cama o cuna segura...

- Deberá aprender a dormir solo, a oscuras y no necesariamente en silencio absoluto, pues esto les conduce a despertarse ante el menor ruido.

- Establecer una rutina clara para acostarse, es decir, seguir a diario unos horarios para el baño, la cena, el cuento y el momento de acostarse.

- Consolarle con la luz apagada cuando se desvele y no acudir inmediatamente después de su llamada sino, paulatinamente, ir aumentando el tiempo que tardamos en ir.

- No comprobar que no existen monstruos ni bichos debajo de su cama, ya que así constatamos la posibilidad de su existencia.

Terrores nocturnos.
Aparecen entre los dos y los cuatro años (y de los cuatro años en adelante). A esta edad, el niño aún no es capaz de organizar sus tensiones y sistema emocional pero, a medida que evoluciona su madurez, estos miedos tienden a desaparecer. A diferencia del temor a la oscuridad, el niño se sienta en la cama y experimenta agitación, pánico, aceleración cardiaca, llanto, gritos. El episodio suele durar unos minutos y, si se le despierta justo después, no se acuerda de lo sucedido aunque sí manifiesta sensación de miedo.

¿Qué hacer?
- Tranquilizarle con palabras relajantes, hasta que cese la ansiedad.

- Intentar indagar mediante juegos y dibujos en el origen de esos temores, explicándole posteriormente el sentido irreal de su fantasía.
- Hacer agradable el momento de ir a la cama, por ejemplo, con la lectura de un cuento justo antes de dormir.
Conclusiones:

- No asustar a los niños con historias de fantasmas, brujas, el hombre del saco... principalmente antes de ir a la cama, ni amenazarles con que vendrán o se los llevarán si no se comportan adecuadamente.

- Nunca nos reiremos de los temores que expresan, ya que disminuiría su confianza en nosotros; intentaremos, por el contrario, ponernos bajo su perspectiva para explicárselo de forma objetiva.

- No le transmitiremos más miedos, necesitan crecer con seguridad y confianza en lo que les rodea.

- No ignoraremos sus miedos porque nos parezcan absurdos, sólo contribuiremos a que se sienta perdido y percibirá por nuestra parte falta de cariño y atención.

- Hablaremos con los padres para corroborar que dichos miedos se manifiestan tanto en la escuela como en casa.

- Si los miedos persisten en el tiempo, consultaremos con el especialista del centro, para ver si es conveniente aconsejar a los padres que lleven al pequeño a un psicólogo infantil.

Tomado de la revista Caribemundo
Fotografía tomada de: http://regalosinfantileschic.blogspot.com/2010/08/como-hacer-frente-los-temores-nocturnos.html