PRIMERA INFANCIA
LA IMPORTANCIA DE LAS NORMAS Y LOS LÍMITES

 

En los tres primeros años de vida se sientan las bases del aprendizaje de las normas

"¡Pobre!, es muy pequeño, solo se está divirtiendo", dice el padre enternecido, mientras su retoño de un año de edad destroza con gran alegría un importante libro, que ha robado de la mesita de su madre… Pero reaccionar así es un error. Está científicamente comprobado que entre los cero y los tres años se forma la personalidad del niño y, entre otras cosas, se sientan las bases del aprendizaje de los límites. Al principio, en los primeros meses de vida, se trata de adquirir rutinas relacionadas con la comida, el sueño o el baño. Son las primeras normas que conoce el bebé, y también las que le hacen sentirse seguro y protegido. Antes de cumplir un año, además, reconocerá sin problemas un NO rotundo o un SÍ claro, por lo que con estos dos simples monosílabos se puede comenzar a guiar su conducta.

Eso sí, a partir del primer año empezará a calibrar hasta qué punto sus padres son firmes con las normas. "Eso no se toca", le dirán. Y él, retador, hará el gesto de tocar, aunque al mismo tiempo buscará con la mirada a sus padres, que pueden reaccionar sonriendo ante la picardía o bien manteniéndose firmes con la prohibición. Esta última forma de actuar, con constancia, es fundamental para afrontar con éxito y sin desesperación la terrible edad de los 2-3 años, que es la del no y la de las rabietas.

En definitiva, el mensaje que hay que transmitir desde el principio es que ciertos tipos de comportamiento son del todo inaceptables, aunque el niño no entienda por qué. Así, en la categoría de lo estrictamente prohibido se deberían encontrar las conductas que hacen daño a otras personas (como pegar, morder, dar puñetazos o empujar) y las que podrían poner en peligro su propia integridad (como intentar meter los dedos en el enchufe o soltar la mano para cruzar la calle). Así que, definitivamente, un niño de un año no es demasiado pequeño para saber que "ese libro es de mamá y no se puede tocar".
(Ana T. Jack)

Como ayudar en casa

Educar a un hijo supone perseguir ese frágil equilibrio entre estar ahí para protegerlo y, por otro lado, darle la libertad necesaria para que pueda explorar el mundo por su cuenta.
Tracy Hogg propone el método HELP para ayudar a los padres a encontrar ese punto medio ideal:

  1. Reprímete («Hold yourself back»): Ante la llamada del bebé, no acudas inmediatamente. Concédete unos minutos para averiguar porqué llora o por qué se aferra a tus piernas como si le fuera la vida en ello.
  2. Fomenta la exploración («Encourage exploration»): Deja que tu niño descubra por sí solo el nuevo juguete que le acaban de regalar o que intente arreglárselas con el tenedor. Si necesita tu ayuda, ya te lo hará saber.
  3. Pon límites («Limit»): Limita la cantidad de estímulos que recibe cada día, el tiempo que está despierto, el número de juguetes que lo rodean y las opciones que se le presentan. Intervén antes de que sufra un exceso de estimulación.
  4. Elógialo («Praise»): Desde que es un bebé, aplaude sus esfuerzos, no los resultados ("¡Mira qué bien! Estás metiendo el brazo en la manga del sueter").

Y sobre todo evita los errores comunes que sabotean la relación de confianza con tu hijo:

  • No respetar, o peor aún, negar los sentimientos del niño: "Vamos, hijo, pero si a ti te encantan los perros, deja de llorar ya".
  • Forzarlo a comer cuando está lleno: "Solo una cucharadita más".
  • Introducir situaciones nuevas sin avisar, como llevarlo a un grupo de niños que juegan y forzarlo a que se sienta a gusto.
  • Escabullirse furtivamente de casa para evitar una escena.
  • Decir una cosa y hacer otra. Por ejemplo, decirle: "No puedes comer caramelos" y acabar cediendo cuando se pone a llorar.
  • No corregir conductas indeseables desde el primer momento.

 

Estilos educativos de los padres

Padres sobreprotectores
Desean ayudar a sus hijos en todas las situaciones, evitarles todos los peligros y las experiencias desagradables. Eso implica que si tienen a un niño travieso, con gusto por las aventuras, le frenarán. Si quiere hacer algún experimento con su juego casero de química o, simplemente, sacar la ropa de la lavadora, los padres aparecerán de inmediato “no te vayas a hacer daño”, “no vayas a incendiar la casa” . Eso producirá que el niño, finalmente, ni haga experimentos ni saque la ropa de la lavadora, ni cualquier otra cosa, le costará ser autónomo, asumir responsabilidades y decisiones por sí mismo, convirtiéndose en una persona insegura y miedosa y provocando que sea una persona dependiente.

Padres liberales o permisivos
Son aquellos a quienes les aterroriza la autoridad y, por tanto, los hijos consiguen lo que desean. No logran hacerse respetar porque les cuesta ponerse firmes y siempre ceden a la voluntad de sus hijos aunque tienen una posible justificación, en cualquier caso: “es muy pequeño”, ”es que eso no se lo puedo decir”, “es que me da pena”, “es que hoy no ha dormido bien”… Y, en realidad, estos padres, están convencidos de que sus hijos, en el futuro, serán libres y espontáneos. Mientras, son niños que imponen su voluntad, que se ponen en la cima de la pirámide jerárquica de la casa, adquiriendo tanto poder que los demás hacen todo lo que el hijo quiere y desea. Sin embargo, no todos los niños reaccionan así, sino que otros se encierran en una coraza para compensar la falta de límites y normas, por lo que tendrán dificultades para adaptarse a las mismas.

Padres exigentes y sancionadores

Son aquellos padres que sólo saben exigir a sus hijos, prestando únicamente atención a lo que hacen mal y, por tanto, no aportando ningún refuerzo positivo, controlan en exceso las responsabilidades del niño, si el niño realiza una conducta “fuera de sus normas”, las consecuencias impuestas son excesivas, mostrando dificultades tanto para comunicarse como para mostrar el afecto a sus hijos. Así, la única manera que conocen de mostrar el cariño es mediante las correcciones y las sanciones porque consideran que, así, les harán buenas personas. Por tanto, sus hijos son cumplidores, respetuosos con las normas y responsables. El comportamiento está adecuado a cada situación pero, en ocasiones, se muestran inseguros, confían poco en sí mismos y se sienten culpables si las cosas no salen como se espera de ellos, haciéndose hipersensibles a la evaluación por parte de los otros lo cual les puede hacer sentirse retraídos e infravalorados.

Y ¡claro!, ¿qué estilo educativo es el mejor? Pues, de los anteriores, exactamente ninguno. Si se ha de escoger uno; LA EXIGENCIA POSITIVA, pero ¿Qué es? ¿Cuáles son sus bases?

Elogia a tu hijo
Como padres, debéis llenar a vuestros hijos de sonrisas, abrazos, guiños y palabras de ánimo, cada vez que vuestro hijo hace algo bien o lo intenta.

Exigir, en su justa medida
Se deben poner normas, pero no excesivas, y siempre deben tener en cuenta la edad de tu hijo, así como su nivel de desarrollo.

Tener en cuenta las capacidades del niño para permitirle afrontar nuevas situaciones
Por ejemplo, si un niño puede empezar a comer solo, hay que permitirle ofrecer la posibilidad de intentarlo. Hay que ser tolerantes para los posibles fracasos – es posible que se tire la comida encima- pero no por ello, hacerlo por el niño, porque, de lo contrario, no se le impide crecer.

Corregir con delicadeza
Volvemos al ejemplo de comer sólo; por primera vez, no lo hará de forma correcta y lo hemos de prever. Como padres, somos los responsables de enseñarles cómo hacerlo pero sin que el niño se sienta atemorizado, cuestionado o amenazado. Así, el aprendizaje no se convertirá en una emoción desagradable y, cada vez que lo intente, le permitamos avanzar, mostrando menos resistencia a avanzar.

Y ¿Cómo educar en este estilo?

Algunos de estos padres preguntan “¿Qué puedo hacer para que no me haga una rabieta cada vez que le pido que haga/no haga X?”. “¿Qué hago para que me pida las cosas sin gritar?” ”¿Le castigo, le ayudo o qué hago?”
El estilo educativo basado en la exigencia educativa nos da unas pautas para educar como son:

  • El padre debe felicitar a su hijo por su buen comportamiento
  • Los hijos deben tener una rutina
  • Las normas deben ser claras, realistas y coherentes
  • Los padres deben saber dar órdenes
  • Los padres deben evitar que sus hijos manden
  • Los padres deben enseñar a sus hijos a esperar
  • Los padres deben hablar a sus hijos de forma positiva
  • Los padres deben hablar y mostrar emociones a sus hijos
  • Los padres deben enseñar a resolver conflictos a sus hijos, focalizándose siempre en las soluciones
  • Los padres deben corregir a sus hijos, pero nunca deben atacar
  • Los adultos deben aplicar consecuencias claras y coherentes al incumplimiento de una norma por parte de su hijo o a la mala conducta del mismo

Pautas para establecer límites

Sé objetivo
Usa frases cortas y concretas para decir lo que esperas o quieres que haga tu hijo, por ejemplo, “recoge tus juguetes” en lugar de otras más contundentes como “pórtate bien”

Dale opciones
Si tu hijo debe realizar alguna conducta determinada, dale diversas opciones para que podáis elegir, por ejemplo, en lugar de decirle “ponte la camiseta” le puedes decir “ puedes ponerte la camiseta de Mickey o la de cuadritos”

Sé firme
Tu tono de voz tiene que ser congruente con la expresión de tu rostro pero, sobre todo, evita gritar

Subraya lo positivo
Empieza diciéndole siempre lo que debe hacer antes de lo que no debe hacer y explícale los beneficios que obtendrá “camina por la acera porque es más seguro” en lugar de decirle “¡no te bajes!”

Negocia
Escucha los deseos de tu hijo, dile que obtendrá lo que desea después de realizar otras, por tanto, llega a acuerdos, por ejemplo, “ no puedes comer golosinas antes de cenar pero, después, puedes tomar una”

No rompas las reglas
Tanto las reglas como las responsabilidades se deben cumplir siempre porque, de lo contrario, tu hijo creerá que su cumplimiento es opcional u ocasional

Nunca compares
No compares a tu hijo con sus hermanos o con otros niños y, mucho menos, le menosprecies con frases como “no te voy a querer si sigues así” o el famoso “ ya no te aguanto”

Controla tus propias emociones
Piensa antes de actuar, las reacciones emocionales pueden herir a tu hijos

Texto tomado de:
https://www.psiqueorientacionfamiliar.com
http://www.dolorsmaspsicologa.com

Imágenes tomadas de
https://www.abc.es