La crianza y la prevención de la violencia

 

Ha existido siempre una interesante controversia alrededor del concepto sobre qué prevalece más en el comportamiento humano, si la naturaleza expresada como factor genético o la crianza. Lo anterior podemos tipificarlo en el ideario popular en frases como estas: “El hombre nace o se hace”, “La naturaleza propone y la crianza dispone” y “Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza”. En el idioma inglés esta tensión está expresada con las palabras nature versus nurture.

En el contexto del estudio de la violencia, la disyuntiva descrita adquiere un importante significado, cuando se analiza si el ser humano es violento por naturaleza o si por el contrario es su relación con el ambiente la que puede determinar una condición comportamental de este tipo.

Entre los idearios esenciales de los padres y educadores están los de propender porque sus hijos y discípulos lleguen a ser personas pacíficas, dispuestas a participar en los procesos de construcción y reconstrucción social, comprometidos con su entorno y decididos a ejercer plenamente su ciudadanía.

Lo anterior no se da por generación espontánea sino que usualmente es la respuesta a todo un proceso, donde el acompañamiento comprometido y el ejemplo de los padres y adultos significativos juegan un papel determinante. Recordemos el sabio proverbio español que afirma que “Fray Ejemplo es el mejor predicador”.

Está demostrado que cada niño necesita una relación cariñosa y fuerte con sus padres o en su defecto otro adulto para sentirse seguro y confiado. Sin este lazo estable, existe el riesgo importante de un comportamiento hostil y problemático. De igual manera insistimos en que los niños aprenden con el ejemplo de sus mayores y que el comportamiento, los valores y las actitudes de estos, tienen una gran influencia sobre sus concepciones ideológicas y su manera de obrar.

Consideramos oportuno reiterar aquí el concepto de La Academia Americana de Pediatría en una publicación reciente donde enfatiza la relación entre el estilo de crianza y la resistencia a la violencia por parte de los niños y niñas y formula a su vez algunas recomendaciones que consideramos importante compartir con nuestros lectores:

Hablar con los niños sobre sus problemas y advertirles con firmeza acerca de los riesgos que implica una manera violenta de solucionarlos.

Elogiar a los niños cuando resuelven sus problemas sin recurrir a la violencia.

Evitar por parte de los padres, la promoción de comportamientos agresivos en los niños; aquello de enseñarles a pelear “para que sepan defenderse” debería cambiarse por enfoques que permitan resolver los problemas mediante el diálogo sin utilizar las amenazas o los puños.

Promover con los hijos la consistencia frente a las normas y la disciplina, generando expectativas claras sobre las consecuencias del comportamiento del niño frente a ellas.

Editar la violencia en el hogar que causa temor y daño a los niños y que en algunos casos puede predisponerlos a resolver con violencia sus propios conflictos.

Excluir el castigo físico como elemento constituyente de la crianza, puesto que le indicará a los hijos que es aceptable pegarle a otro para resolver los problemas y que las acciones violentas constituyen una forma apropiada de relación entre las personas.

Utilizar otros métodos de corrección sin contacto físico, no humillantes, para afrontar aquellos comportamientos indeseables que presentan los niños en el transcurso de la crianza, dentro de un enfoque reparador frente a los errores, que genere la tendencia a no repetirlos.

Prevenir y tratar de disminuir el exceso de exposición a la violencia a que están sometidos los niños por los medios de comunicación.

Enseñar a los hijos que es mucho más importante y valioso para sus vidas el resistirse a la violencia, que aceptarla.

Esperamos que estos conceptos contribuyan al enriquecimiento de la capacidad de padres, hijos y educadores para relacionarse entre sí y con las personas a su alrededor en un contexto no violento y enriquecedor de su calidad de vida.

 

Tomado de:
www.crianzaysalud.com.co
Autor: Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra y Puericultor