La educación sexual de la primera infancia

 

En nuestra cultura, lo habitual es que un niño o una niña empiecen a tener las primeras nociones sobre la sexuación humana, no a través de su cuerpo, sino a través de otros medios.
Aprenden que en el mundo hay niñas y niños y a distinguir a unos y otras por la apariencia externa y por los comportamientos y actividades que se les atribuyen, pero aún no saben lo que es el sexo. Sólo más tarde (entre los tres y cuatro años) descubrirán que las personas de uno y otro sexo tienen cuerpos diferentes, y que ser niña o niño no depende de otra cosa más que del sexo al que se pertenece.
Es común que asocien al sexo significados y estereotipos que van asumiendo como propios, e incluso inevitables, a medida que van creciendo. Cada criatura va construyendo qué significa ser niño o ser niña a través de la observación y de los mensajes que recibe sobre qué es propio o impropio para cada sexo. Cuanto más estereotipados sean los mensajes que reciben, menor será su posibilidad de desarrollarse libremente.
La transmisión de mensajes estereotipados se da muchas veces de una forma muy sutil, por ejemplo, cuando:

Ven que en la comunicación afectiva con los niños, las personas adultas priman las cosquillas y los golpeteos, y con las niñas, los besos y los abrazos. Aprenden así que unos y otras han de expresarse de modos diferentes.

Captan el rubor de una persona adulta ante los achuchones y abrazos que dos niños se dan entre sí. Aprenden así que dos niños no deben expresarse de este modo.

Intuyen el malestar adulto ante un niño que juega con un carrito de muñecas. Aprenden así que este no es un juego adecuado para él.

Escuchan expresiones del tipo "dile a mamá que te cosa el botón". Aprenden así que es una tarea propia de las mamás, no de los papás.

Escuchan cuentos en los que los personajes masculinos y femeninos, reproducen estereotipos y desigual protagonismo.

Por medio de actividades variadas, podemos ayudarles a cuestionar la obligatoriedad de los estereotipos: por ejemplo, pedirles que nos digan cuáles son los juegos favoritos de las niñas y de los niños con quienes se relacionan, y preguntarles qué pasaría si se intercambiaran los juguetes; o hacerles ver que la maestra que se corta el pelo muy corto sigue siendo maestra y no maestro. Se trata, por tanto, de ayudarles a entender que tener un cuerpo sexuado es lo que les lleva a ser niños y niñas, que siendo niñas o niños pueden hacer actividades diversas y que ambos sexos son igualmente valiosos.

Niños y niñas necesitan tocarse y mirarse para reconocer y comprender su cuerpo. La curiosidad y el interés que muestran por explorarlo, conocerlo y experimentar con él sensaciones agradables y placenteras, son exactamente eso y no otra cosa. Cuando ellos y ellas empiezan a palpar y tocar todo lo que les rodea se topan con sus propias piernas, brazos, tronco o cabeza, descubren poco a poco su propio esquema corporal y aprenden a delimitar dónde empieza y acaba su propio cuerpo. Comprender los límites de su propio cuerpo es lo que les permite descubrir el mundo que les rodea. Desde ahí, necesitan tiempo para mirar y explorar el mundo a su manera.
A veces querrán compartir las sensaciones que esta práctica les produce. En ocasiones, cuando ya son un poco mayores, nombran esa sensación, diciendo, por ejemplo: "Mamá, qué cosquillas me hago (en la vulva) y qué rico es". Esto no es problemático y es signo de que confían en sus educadores o educadoras, y que sienten seguridad en su propio cuerpo. Éste es un buen momento para explicarles que lo que sienten es normal, que le pasa a todo el mundo, y que se trata de una práctica íntima que las personas no la hacen en público.

Las niñas y los niños, desde muy pequeños, muestran curiosidad en relación al cuerpo, el o rigen y las relaciones amorosas. La curiosidad infantil se transmite de muchas formas, a veces en forma de preguntas. Otras dudas no saben plantearlas de este modo y las muestran a través de gestos, expresiones o miradas, por ejemplo, tapándose los ojos con sus manos cuando ven un beso entre un hombre y una mujer.
Atender sus muestras de curiosidad, tanto si se expresan en forma de preguntas o en otras formas, es apoyarles en un proceso que les permite ir comprendiendo lo que les rodea. Más que dar respuestas, lo interesante es acompañarles en sus descubrimientos y curiosidades, facilitándoles la información que vayan demandando (tanto explícita como implícitamente) con franqueza, aceptando su proceso y la necesidad de oír una y otra vez la misma información; y sin perder de vista que las niñas y los niños están muy abiertos a lo que se les dice y no suelen tener ningún tipo de prejuicios.
Es necesario saber no solo qué preguntan, sino desde dónde preguntan, qué sentido o significado alcanzan a dar a sus preguntas. Y, de este modo, saber, por ejemplo, que a veces no están buscando una respuesta que responda sólo a una necesidad intelectual, sino también a su necesidad de confianza, aceptación y seguridad; y que, en ocasiones, lo que buscan es poner a prueba la confianza que le merecen las personas adultas, si dicen la verdad o les engañan, etc.
Ello nos lleva a la necesidad de dar respuestas claras y verídicas que tengan en cuenta a la criatura como un todo, con sus necesidades intelectuales y afectivas (que van de la mano); respuestas que estén centradas en lo que preguntan y que sean dadas con cariño y sencillez y con un vocabulario adecuado.

Tomado del libro:
"La educación sexual de la primera infancia"
Guía para madres, padres y profesorado de educación infantil

El texto anterior es solo una parte, para descargar el libro completo HAZ CLICK

Imágenes tomadas de

http://rooneyrene.blogspot.com
http://hijosypadres.wordpress.com