Recompensas y castigos

 

Los premios y castigos... ¿un factor educativo?
En la vida de toda familia hay un cúmulo de circunstancias que, sin ser explosivas, van perfilando el carácter de nuestros hijos: aprenden a ser ordenados, a tener educación, a respetar o no los derechos de los otros etc. y lo van haciendo por los estímulos que un día tras otro van recibiendo de su ambiente; aquella cara que le pusimos, la recompensa o el castigo que desde su más tierna infancia recibió cada vez que actuaba de una determinada manera etc. Han ido configurando un estilo de persona.
Todos los padres, consciente o inconscientemente, utilizamos los premios y los castigos con nuestros hijos. El que sean un factor educativo o ayuden a malcriarlos depende del modo en que los manejamos. De ahí la importancia de conocer sus mecanismos.

Premios:

  • Cuando una persona encuentra satisfacción en hacer algo, tiende a repetir esa conducta.
  • Si premias una conducta de tu hijo con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así con más frecuencia.
  • Las recompensas materiales como el dinero, materiales deportivos o juguetes, nos gustan a todos. Pero son las recompensas sociales como la atención, los elogios y el afecto las que nos hacen sentirnos más a gusto con nosotros mismos.
  • Dales preferencia, aunque no exclusividad, en tu relación con los hijos.

Ejemplos de premios sociales son:

  • Frases de ánimo y felicitación: "¡Bien!", "¡Así da gusto!", "¡Enhorabuena!".
  • Muestras de afecto: un beso, un abrazo, una sonrisa, una palmadita en la espalda...
  • La promesa de participar en sus juegos, en el caso de los niños pequeños: leer con él un cuento que le gusta, jugar juntos, construir modelos, etc.
  • Decide en qué vas a utilizar recompensas materiales. Un buen criterio es hacerlo de manera extraordinaria y con cosas que sabes le suponen un especial esfuerzo. Pero, aún en ese caso, deben ir acompañadas de recompensas sociales, de las que son expresión. Cuida de que no sean tan frecuentes que acostumbres a tu hijo, a realizar las tareas más por los beneficios que de ellas obtiene que por el valor que en sí mismas tienen.
  • No olvides que no hay dos niños iguales. Y, por eso, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea para otro. Tendrás que adaptar los premios a la manera de ser de cada hijo.
  • Premia inmediatamente después del comportamiento deseado. Cuanto más distancia hay entre la conducta y la recompensa (o el castigo) menor será el efecto. Y cuanto menor es la edad del niño menos eficaz resulta dicha distancia.
  • Existen dos formas básicas de recompensar: todas las veces y ocasionalmente. Al comienzo, hasta que el comportamiento nuevo está bien aprendido, es mejor reforzar el comportamiento cada vez que se produzca. Luego, cuando el comportamiento está consolidado, se deben utilizar los reforzadores de vez en cuando y a intervalos diferentes.
  • Es preferible que adoptes un enfoque positivo y busques activamente el buen comportamiento de tus hijos para recompensarlo que funcionar a base de castigos (el "manejo por excepción", ¿recuerdas?).

 

Castigos:

  • Como ya se ha señalado, una forma de eliminar un comportamiento inadecuado es pasarlo por alto continua y permanentemente, sin recompensarlo nunca ni siquiera con la atención.
  • El castigo es una forma de cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto. Los castigos pueden ser eficaces si se utilizan correctamente.
  • No utilices el castigo como medio habitual para corregir a tu hijo.

El uso frecuente del castigo no es eficaz para cambiar la conducta. Al revés, puede producir efectos que, sin duda, no deseas. Así, por ejemplo:

1. Dura poco. El niño suprime su conducta por un tiempo pero de nuevo vuelve a las andadas.

2. Exige nuevos castigos cada vez más fuertes, originando un círculo vicioso difícil de romper: mala conducta castigo... repetición de la mala conducta castigo más severo... etc.

3. Las relaciones entre tú y tu hijo se resienten y pueden darse reacciones de rechazo afectivo, origen de problemas mucho más serio que los que se tratan de resolver.

4. Las personas aprendemos también por imitación. Y si un niño vive normalmente castigado: o ("tienen razón mis padres; merezco todo lo que me dicen") o castigará a los de su alrededor: hermano/a pequeño, compañeros de escuela etc.

Muchos adultos que utilizan la violencia sistemáticamente con sus hijos o cónyuges, crecieron en ambientes de fuerte carga agresiva.

El castigo funciona bien si:

1. Es el último recurso y no la manera habitual de actuar: si gritas con frecuencia, los gritos acabarán perdiendo todo valor y tus hijos te verán como histérico/a. Cuando castigas demasiado es que no has jerarquizado suficientemente lo que es importante y lo que no en la educación de tus hijos.

2. Se sabe exactamente por qué se es castigado.

3. Es inmediato, sin aplazamientos innecesarios: "ya verás cuando venga tu padre".

4. Ocurre siempre que se comete la falta, sin depender del buen o mal humor.

5. Ofrece al niño una alternativa. No sólo se castiga la mala conducta sino que se explicita lo que se espera de él y el modo en que puede realizarlo.

6. Permanece intacto el respeto por la persona, sin que sufra la autoestima. Son las acciones las correctas o incorrectas, no la persona. Ni "eres un inútil" ni "eres mala" sino "eso lo has hecho mal".

7. No lo asocias a actividades de aprendizaje como, por ejemplo, tener que copiar o hacer cuentas o leer. Ese es el mejor método para que en el futuro odie las matemáticas o la lectura, por verlas relacionadas con situaciones desagradables.

Las consecuencias naturales y consecuencias lógicas

  • Frente al sistema de premio y castigos, algunos autores proponen el método de las "Consecuencias naturales" y las "Consecuencias lógicas". Se trata de una respuesta alternativa frente a los problemas que plantea el método de premios y castigos; pero pueden coexistir ambos sistemas: la edad, la manera de ser del niño y cada situación concreta nos indicará lo más conveniente en cada momento. Básicamente el método consiste en relacionar la conducta del niño/a con las consecuencias que de ella se derivan; así, si una adolescente insiste en ponerse zapatos de tacón alto en invierno, se le mojarán los pies (consecuencia natural) y probablemente arruinará los zapatos y no le comprarán otros hasta que sea el momento (consecuencia lógica).
  • El método de las consecuencias naturales pone el acento sobre la realidad y el reconocimiento de los mutuos deberes y derechos en vez de apoyarse sobre las valoraciones de los adultos. Además permite que el sujeto tome sus propias decisiones y por lo tanto hace a los niños responsables de su propio comportamiento.
Para que estés seguro de que tu acción no es un castigo sino una expresión de Consecuencias ten en cuenta los siguientes aspectos:
  1. Oferta a tu hijo varias alternativas: "puedes ordenar el cuarto o no. En este caso, puedes llevar allí a tus amigos" o "tu padre y yo queremos ver la tele. Tú puedes ver el programa con nosotros o salir de la sala. Mira lo que prefieres..."
  2. Cuida de que el tono de voz sea el adecuado. Debe expresar aceptación y respecto. Las frases anteriores dichas en un ambiente de gritos, son más castigo que alternativa real. Pero si tu tono y tus miradas no revelan amenaza, la capacidad de opción se manifiesta como real. Que tus palabras expresen cariño y firmeza a la vez.
  3. Antes de plantear una alternativa estáte seguro de que vas a aceptar la decisión del hijo. A veces hay determinadas decisiones que suponen riesgos que, como padres, no estamos dispuestos a que nuestros hijos asuman: tu hija se empeña en ir al monte a pesar de que el tiempo amenaza lluvia. La consecuencia natural de esa opción es que vendrá mojada y con riesgo de atrapar un catarro. Si es pequeña para medir las consecuencias de su decisión, no se la ofertes como alternativa; pero si se trata de una adolescente no merece la pena pelearte con ella: déjale correr los riesgos de decidir, aunque a tu modo de ver sea equivocadamente. Es tomando decisiones como se aprende a ser responsable. Por supuesto, si pasa el fin de semana en casa sin poder salir como consecuencia del catarro, no se lo recuerdes cada vez que debe volver a elegir en situaciones parecidas: el "¿te acuerdas?..." o "¡Ya te lo decía yo!" tiene más de pelea ganada que de método educativo.
  4. Es bueno que experimente las consecuencias de su decisión sin que la lástima te lleve a cortarlas: el no levantarse a tiempo de la cama, a pesar de que uno y otro día se le llama con insistencia, puede suponer un castigo escolar por falta de puntualidad; no le hagas una nota justificativa de su conducta (aunque llames al profesor para explicarle los motivos por los que no la haces) ni le prepares un bocadillo para el recreo porque, con las prisas, no ha podido desayunar.
  5. Cuando una acción no tiene consecuencias naturales hay que aplicar las consecuencias lógicas: es razonable que si mi cuarto está desordenado no pueda llevar allí a mis invitados. No lo sería que deba copiar una lección.

Tomado de:
http://www.gizarte.net/
Fotografías tomadas de
pequelia.es
televisa.com
arturogoicoechea.blogspot.com