¿El bebé o niño debe o no dormir en la cama de los padres?

 

Enseñar al niño a que se duerma solo, teóricamente, es lo mismo que enseñarle a comer, a ducharse, a cambiarse él solito. El sueño también es un hábito, muy necesario, que entra en la vida del niño y que, como todo lo demás, debe ser bien orientado desde el principio. Un niño que no duerme bien, es decir, que no concilia el sueño en su camita, da el mismo trabajo que otro que no quiere sentarse a la mesa o que monta un escándalo para irse a la ducha.

Muchos padres, por variados motivos no siempre justificables, suelen llevar al bebé a su cama. Algunos expertos en sueño infantil creen que el bebé debe ser puesto en su cuna desde el principio, para evitar a que se acostumbre a dormir con los padres. En determinadas circunstancias, muy puntuales, cuando el bebé está enfermo y los padres se sienten más tranquilos por tenerlo más cerca o porque en el medio de la noche el bebé se despierta asustado, se puede permitir a que el niño o la niña se duerma en la cama de sus padres, pero mucho cuidado para que eso no se convierta en un hábito ya que todo dependerá de la edad que tenga el niño y los riesgos que puede representar a que duerma con los padres. Nos referimos a los riesgos de muerte súbita, de ahogamiento o incluso a de sufrir alguna caída. Además, los niños podrán acostumbrarse a ello y cuando los padres quieran cambiar la situación les costará mucho más.

La rutina es lo mejor

Para que el niño no se acostumbre a dormir en la cama de sus padres es necesario llevarlo de vuelta a su cama cuantas veces sea necesario, sin hablar ni discutir. Los niños se comportan mejor cuando identifican un modelo en el que puede confiar. Enseñarles a dormir siempre a la misma hora, en su camita, con o sin osito o mantita, les ayuda a entender lo que se espera de ellos. La rutina es lo mejor en estos casos. Evitará situaciones de ansiedad, y de innecesarias negociaciones. Una buena rutina a la hora de dormir puede durar de 15 a 30 minutos. Entre la ducha, los mimos, la limpieza de los dientes, los cuentos o las canciones, las oraciones, y lo que les ocurra, el niño seguramente conciliará el sueño más tranquilamente. Se debe intentar mantener la rutina en los mismos horarios todos los días. Así estarán educando el sueño del hijo.

Es conveniente que el bebé o el niño pequeño se duerma siempre en el mismo lugar. El cambio de lugar, de cama, etc., puede dificultar el desarrollo de su modelo de dormir. En el caso de padres separados, como no se puede compartir el mismo lugar, es recomendable que se esfuercen para mantener la misma rutina en cuanto a los horarios y las costumbres. Cojines, mantas, y objetos de estimación similares, y empleados a la misma hora. Es necesario seguir la misma estructura y rutina a la hora de dormir.

No es bueno dormir con los padres en algunos casos

Para los niños es una maravilla dormir con sus papás. Pero si ese hábito se convierte en una rutina, puede haber consecuencias no muy agradables. Dormir en la cama de los padres generalmente está contraindicado. Es necesario enseñar a los niños nociones de privacidad desde la más temprana edad. Cuando es todavía un bebé se puede hacer algunas concesiones, pero a partir de los 3 años de edad, dormir con los padres, puede hacer con que el niño o la niña no desarrolle su individualidad ni la seguridad en sí mismo. Se puede convertirse en un niño dependiente e inseguro.

¿Puedo dormir aquí?

Muchos niños sufren por la noche, con los miedos a la oscuridad, a los imaginables "monstruos", etc. El niño debe aprender a superar sus miedos, con la ayuda de sus padres. Y esta ayuda consiste en hacer con que el niño se enfrente y no huya de la situación. Hay que tener mucha paciencia, pero también mucha firmeza y persistencia. Todo es una cuestión de tiempo. Cuando el niño tenga miedo es preferible que quedes un rato en su cama para tranquilizarlo que llevarlo a la cama de los papás.
Dormir en su habitación, para ellos, es estar "lejos" de papá y de mamá. Es separarse de ellos.

La hora de dormir es entendida por ellos como la hora de separarse de los padres, de sus hermanos, de sus juguetes, y de todo lo que podría estar haciendo. Esta es la razón por la que la mayoría de los niños se vaya a la cama siempre protestando. Por eso, como cualquier otra necesidad, el dormir solo también se aprende. Lo ideal es que entre los tres y los seis meses de edad el niño ya esté durmiendo solo o con sus hermanos. Para los niños eso significa dar un paso a la autonomía; para los padres es recuperar intimidad. Superada esta primera etapa,  podrá aparecer otras. Por ejemplo: cuando el niño ya consigue salir de la cuna y camina. Esta otra etapa suele aparecer entre los 12 y los 18 meses de edad. Luego, la conocida ansiedad de separación irá decreciendo poco a poco a los tres años de edad. Y a los cuatro años empezarán a aceptar la separación parcial de sus padres porque a esta edad ya van al colegio, y van a jugar a la casa de amiguitos.

Ventajas y desventajas de dormir con los niños en la misma cama.

Si bien, en la cultura japonesa los niños duermen hasta los 5 años con sus padres, en la nuestra la consigna del pediatra es solo hasta los seis meses de vida.
Para muchos padres, algunas veces resulta satisfactorio tenerlos en sus camas para besarlos, consentirlos y manifestarles todo el amor. Sin embargo, para Gilberto Acuña, médico pediatra especialista en educación y asesoramiento familiar, esto no debe convertirse en un acto repetitivo.
“A los pequeños, el colecho los afecta en su parte social y personal. Y a los padres, en su vida sexual activa, ya que el niño siempre estará en medio de los dos”.
Es por esto que usted, indica Acuña, desde temprana edad, debe crear en sus hijos las rutinas de sueño, donde exista una hora establecida y el lugar, su cuarto, para descansar.
 “A partir de los 7 meses o el año de edad los padres ya deben crear ese espacio de descanso propio para los hijos. Claro, si es un menor que no tiene reflujo, que no come tarde en las noches y que no sufre apnea de sueño”. De esta manera su hijo se acostumbrará a dormir solo, sin que los padres olviden que, en algunas oportunidades, el menor puede despertarse y puede llorar. Mónica Cardenal, sicoanalista especialista en niños y adolescentes, afirma que esto es normal, ya que el retirarse a dormir solo aumenta, normalmente, las ansiedades de muerte y separación.
“El chiquito se siente desprotegido y requiere de la voz  familiar de los padres o una caricia para poder seguir durmiendo o para ser acompañado hasta conciliar el sueño”, explica Cardenal.
No obstante, esto no quiere decir que el niño deba pasar a la cama de los padres. El siquiatra infantil Christian Muñoz indica que en esos casos lo que se debe hacer es “buscar la causa del llanto, después consentirlos, besarlos y hacerles entender que todo está bien. Esto, seguro, los calmará”, indica Muñoz.

Crianza de apego.
Es muy difícil encontrar en nuestra cultura pediatras, médicos o personas naturales que apoyen el colecho. Aunque en Colombia muchas familias tienen que vivirlo, por sus condiciones económicas, nuestro medio lo rechaza, por los pocos beneficios que aporta. Un estudio del año 2006 reveló que niños de la India de entre 3 y 10 años, el 93 por ciento, dormían con sus padres. En muchas partes del mundo, el colecho se practica simplemente para mantener abrigado al niño durante la noche. Sin embargo, en otras culturas, como la europea y la occidental, lo hacen para una crianza saludable y feliz de los pequeños.
Asimismo, grandes pediatras, como el reconocido estadounidense William Sears (profesor de pediatría de la Universidad del Sur de Carolina), concluye que el colecho es una de las grandes manifestaciones de amor y compañía para los hijos. El acuñó la frase de crianza del apego, en la cual un fuerte enlace emocional con los padres durante la infancia, también conocido como apego seguro, es un precursor de relaciones seguras y empáticas en la edad adulta.

Entre los beneficios que ven es que hay  una mayor estabilidad cardiorrespiratoria y mayor oxigenación de los niños, disminución de los episodios de llanto, mejor termorregulación y mayor prevalencia de la lactancia materna.
Afirman que un bebé que duerme junto a sus padres no solo comparte la cama, sino que recibe más atención y mayor contacto físico. El vínculo que se crea entre padres e hijos mediante el colecho es muy intenso y duradero, lo que contribuye a un fuerte entendimiento y sentimiento de seguridad en los hijos.
A su vez, la sicoanalista Mónica Cardenal afirma que de nada vale el contacto físico durante el sueño del niño, el cual también  resulta peligroso por los riesgos de asfixia.  El contacto físico y emocional con el niño debe suceder durante el día, con horas de amor, juego y entrega. 
Por su parte, el siquiatra Muñoz enfatiza en que la felicidad, el desarrollo y la confianza de un niño no dependen de dormir con él, sino de brindarle seguridad, solidez y amor en los momentos de vigilia.
Cabe recordar que una de las principales causas de muerte súbita en los niños se debe al colecho. Por tanto, la Academia Americana de Pediatría sugirió evitar éste, con el fin de reducir las alarmantes cifras.
¿Se puede evitar? El colecho solo se da cuando los padres lo permiten. Es por esto que ellos deben ser autoritarios y decisivos. Según Mónica Cardenal, un bebé que recibe amor, tranquilidad, que está durante el día con sus padres, se sentirá más calmado y no necesitará compartir la cama con sus progenitores.

"Una de las desventajas de este es que no permite el espacio simbólico de necesitar a los padres,  por lo cual se obstruye esa necesidad, debido al contacto físico seguido (día y noche), lo que a la larga perjudica intensamente el  adecuado  proceso de separación".
La cohabitación, señala el siquiatra Christian Muñoz, solo lleva a tener hijos poco autónomos, manipuladores y con problemas de socialización. Además, "genera en él la fantasía  de que está metido entre sus padres y  que controla lo que entre ellos sucede, entorpeciendo su  desarrollo  emocional".

Baja autoestima, poco independientes, tímidos en sus decisiones son algunas de las desventajas del colecho. Sin contar las de la pareja, que propiamente son las sexuales.

Al respecto, la pediatra María Isabel Uscher señala que una opción segura e igualmente cómoda es ubicar al bebé en su cuna o moisés cerca de la cama de los padres y cuando comience a dormir toda la noche (alrededor de los 6 meses), pasarlo a su propio cuarto. El pediatra Víctor García, por su parte, afirma que el pequeño puede permanecer en la habitación de sus padres, en su propio espacio, todo el primer año.
La ‘cama familiar’, sin embargo, no siempre es la mejor opción. Estar en un mismo lugar con los hijos significa, a veces, menos horas de descanso por su mal dormir -sobretodo aquellos mayorcitos-, poca intimidad de pareja e infantes que dependen de sus padres para quedarse dormidos.
Compartir por tiempo prolongado el lecho con los hijos genera hábitos de sueño inadecuados, afirma la sicóloga Paola Arbeláez, especialista en desarrollo personal y familiar del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana. A nivel sicológico, el apego genera un niño ansioso e inseguro.
Por otro lado, los pequeños que duermen con sus padres no comen bien y manipulan con la comida, según Uscher. Por eso, es importante enseñarles a respetar el espacio de pareja y ponerles límites desde el primer momento.
Por su parte, el conocido pediatra estadounidense T. Berry Brazelton afirma que los padres de hoy buscan el colecho como una forma de acercarse afectivamente a sus hijos, debido a su ausencia en el hogar por razones laborales.
La Academia Americana de Pediatría recomienda compartir el mismo cuarto con el bebé durante sus primeros 12 meses de vida.

Rutina de sueño.
Desde el comienzo es vital que el niño tenga su propio espacio y aprenda a dormirse solo, a una misma hora todos los días y con una rutina específica para ir a la cama (por ejemplo, bañarlo -si así lo prefieren los padres- alimentarlo, ponerle la pijama, lavarle los dientes, leerle un cuento y acostarlo en su cuna).
Algunos de los padres pueden permanecer a su lado durante un instante mientras el niño concilia el sueño, pero no acostarse con él, porque si despierta en la mitad de la noche se acostumbrará a que alguien permanezca a su lado para volverse a dormir.
Sin embargo, cuando el niño es mayor y se tomó la decisión de sacarlo de la cama (ver ‘estrategias’) el psicólogo infantil Luis Alberto Rengifo opina que el adulto debe acompañarlo en su cuarto la primera semana, de modo que el cambio sea gradual y no traumático.
Por otro lado, no es conveniente que el niño se acostumbre a dormir con el chupo o el tetero, ni que lo tomen en brazos o lo paseen por toda la casa para que concilie el sueño.
Un bebé, afirman los expertos, se despierta dos o tres veces en la noche los primeros seis meses, una o dos veces desde los seis meses hasta el año, y, en ocasiones, una vez en la noche hasta que el niño cumple los dos años de edad.
Finalmente, el hecho de informarse de las ventajas y desventajas de la cama familiar, facilita tomar la decisión que convenga en un caso en particular.

Estrategias
- Hágale entender que tiene su propio espacio. Si ya tiene 2 o 3 años y le encanta dormir en medio de los dos, tenga en cuenta las siguientes alternativas:
- Tome con su pareja la decisión de pasarlo a su propia cama, sin sentimiento de culpa.
- Sea consistente.
- Muéstrele su espacio y decóreselo de forma agradable.
- Inicie la rutina de ir a dormir.
- Déjele una lámpara encendida si así lo requiere.
- Permítale llorar un poco. En una semana comenzará a adaptarse.
- Las primeras noches, lo padres o uno de ellos lo pueden acompañar hasta que se duerma.
Ventajas
- Los papás descansan mejor.
- Promueve la lactancia.
- El hijo siente que le prestan mayor atención y le brindan afecto. Se fortalece el vínculo afectivo entre padres e hijos.
Desventajas
- Se genera un hábito inadecuado del dormir.
- Se afecta la vida en pareja.
- Puede fallar la autoridad.
- Hay riesgo de aplastamiento. Es peligroso dormir con el bebé cuando alguno de los dos ha fumado o bebido, es obeso, toma calmantes o está cansado.
- El niño tiene más posibilidades de caerse de la cama.
- Existe el riesgo de que el bebé quede atrapado entre la cabecera de la cama y el colchón.
- El menor crece inseguro.

Si quieren ampliar conocimientos sobre este tema, pueden descargar el documento haciendo click: "Los niños en la cama de los padres"

Tomado de:
guiainfantil.com
salud-para-todo-el-mundo.blogspot.com
abcdelbebe.com